España y Casado lo tienen mal con la vieja guardia

España lo ha tenido mal con el legado de Rajoy y a Casado le pasa lo mismo. El PP tendrá que optar, en 2019, entre ser un Ciudadanos de segunda o un fuerte centro derecha con el apoyo de Vox. En Andalucía, Casado ha sabido templar gaitas y el PP se ha hecho la foto con Vox, el cual, en generosa contrapartida, ha optado por renunciar al órdago que hubiera llevado a nuevas elecciones. Andalucía y España han salido ganando en ese primer envite, pero los proyectos políticos no han concluido. Muy probablemente, en 2019, habrá elecciones trascendentes. Es un año para hacer política y para ver qué propone cada partido. Claves políticas serán la memoria histórica, la armonización autonómica, el independentismo, la economía y el confuso tema de género. Ningún partido podrá eludirlas.

El PSOE estará marcado por la actitud de un Sánchez que en su día apoyó el 155, pero del cual hoy reniega. El PP tendrá que enfrentarse al legado de Rajoy en este tema. Si Casado se deja vencer por la vieja guardia rajoyista lo tendrá muy mal y Vox le comerá el terreno de forma realmente intensa. La Convención del PP de ayer día 18 de enero lo pone en evidencia. El PP no puede seguir exaltando a Rajoy y pretender que aplicará un 155 largo y duradero. Una cosa u otra. Lo mejor sería que Casado se decante pues si le deja el trabajo al aparato este sabe “que el que se mueve no sale en la foto”, y corre el riesgo de situarse ante el electorado en una tierra de nadie. Eso se ha pagado en Andalucía y se pagará en Murcia, Castilla, Valencia, Cataluña, etc. ¿Cómo puede enfrentarse Casado al rajoyismo, sin descalificar a Rajoy? Debe reiterar, sin descanso, su plan político para las autonomías (155, armonización, lengua, bandera, unidad de mercado, etc.) Feijóo, pidió en la Convención “no cometer el error de dejar la bandera y la lengua a los nacionalismos” pero ojo, el gran error que se ha cometido no es dejar las lenguas regionales en mano de los nacionalistas sino el abandonar la lengua española, para que los nacionalistas la marginen, la multen e intenten eliminar. Casado debe decidir, si él y su equipo, hablan o callan sobre todo esto. Las próximas elecciones valorarán su opción y darán a luz a un nuevo PP, fuerte o residual.

Mientras tanto Vox, como se ha visto en su reciente reunión en Zaragoza, si sabe presentar su programa de forma firme y centrada, como ha hecho hasta ahora, va a seguir avanzando porque aporta una nueva savia y una firmeza que España necesita. La tontería del descalificativo de “ultraderecha” no viene acompañada de una crítica seria y concreta a sus puntos programáticos. ¿Se está o no a favor de la Memoria Histórica, de la desigualdad autonómica, de las embajadas regionales, del descontrol de la inmigración, etc.? Ojalá los partidos, y también los comentaristas, tengan el valor de mojarse. Aunque, probablemente, sólo un vuelco electoral pondrá las cosas en su sitio.

Por su parte, Ciudadanos, se ha mojado decididamente en Andalucía. El sector Villegas ha triunfado sobre el sector Arrimadas pero ¡mucho cuidado! la opción Valls puede fallar, por el error de éste de descalificar de forma feroz a Vox. La Francia centralista no se parece en nada al descompuesto estado de las Autonomías. Sin eliminar los elementos desintegradores, entre ellos el guerracivilismo y Companys, Valls lo puede tener muy difícil. La actitud de Ciudadanos y su inclinación hacia el corrupto PSOE andaluz y, por tanto, a Sánchez, es incompatible con un firme enfrentamiento con el cáncer independentista. Es absurdo pretender aplicar el 155 y contar con el actual PSOE para ello. ¿O acaso Rivera tiene en mente, como hizo hasta casi el 1 de octubre de 2017, desaconsejar la aplicación del 155 a un futuro gobierno de España?

España necesita a todos los partidos constitucionalistas para actuar dentro de la Constitución y proponer cualquier medida que estimen oportuna, para que sea aprobada, o rechazada, por los procedimientos constitucionales. No nos engañemos, no descalifiquemos con el uso de los términos ultraderecha o ultraizquierda. La única línea roja es la que separa a los constitucionalistas de los golpistas. ¡Viva España!

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